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Gonzalo García

 

Distopía 

El mundo de Gonzalo García (1985) es el de lo excéntrico y perturbador. Artista que alía a su excelencia plástica la exploración por el horror y lo monstruoso -reflejo de la sociedad contemporánea, que al perder su centro de gravedad emocional lo busca en los márgenes, en el extremismo o en la locura. Influenciado por el Pop Art y Francis Bacon, la obra del pintor veracruzano describe minuciosamente la tendencia entrópica universal, regresiva y disgregadora, que hay en todo lo vivo, a regresar al estado en reposo de la materia muerta. Imaginación fantástica donde se da la licuefacción de las formas, que deja la sensación de lo repugnante, de la humillación y de la miseria. El drama narrativo de sus imágenes, vertiginoso a la vez que sombrío, es el de la realidad decadente y brutal contemporánea, en la que los sueños utópicos de una libertad indeterminada se convierten en pesadilla, donde las segmentaciones, fragmentaciones y descomposiciones propias al hibridismo, destilan una amarga toxicidad y acaban alimentándose de sangre. Arte donde el realismo, fantástico y onirista, es llevado a su extremo, tocando las costas el narcicismo primitivo, donde la identificación afectiva se vuelve ambivalente, hasta el grado de querer incorporarse el objeto de deseo devorándolo.

                                                                                                                                                                                         Alberto Espinoza Orozco

 

 

 

 

 

 

 

Retratos al poder

 

¿Cómo pueden hablar así,

 cuando ni siquiera saben lo que les va a suceder mañana?

Su vida es como la neblina; aparece por un poco tiempo,

y luego desaparece

Santiago 4:14

 

 

Me provoca escalofrío pensar que la mirada del artista se adelanta a la locura de los hombres. Son una especie de magos de la tierra que van errantes mostrando el contenido de una bola de cristal. ¿Quién no teme mirar más allá de las horas? Aceptar su propia vejes, su decrepitud o fragilidad ...Y no hay poder que sustituya la verdad de la mortalidad.

                ¿Quién tiene el lujo de decir que el tiempo le ha favorecido? Los días son tan intangibles como arena entre los dedos; somos polvo, lagrima y olvido. Entonces, ¿porqué nos afanamos a imponer la verdad en las cosas si ya está dada?, ¿nos creemos merecedores de nombrarlas? Las cosas, fueron mucho antes que nosotros.

                Mirémonos en otros ojos que no sean los nuestros; embelesarnos de nosotros mismos solo trae ruina, suicidio.

 

                -¿Hay alguien allí?

                ¿Hay alguien allí? Repitió el eco

                Y en una contemplación absorta, incapaz de apartarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor, que hizo honor a su nombre y memoria, Narcizo.

 

                Los sitios ya existían, las palabras dictaban, los acontecimientos estaban predichos, todos. Sólo perfumar el aire, sólo eso. Lo demás, ya tiene su lugar y su nombre; sólo perfumar, perfumar y morir.

 

Mara Sepúlveda