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Enrique Cantú

 

García Murillo, 13 de noviembre 2002, Jorge, Fragmentos del texto para la exposición Las Relaciones del Silencio, 18 de octubre de 1996
" Las relaciones entre los humanos y de ellas una de las dimensiones más difíciles de explorar : el silencio.      Ese es el tema que enfatiza  -ahora-  la creación de Enrique Cantú Montemayor..."

" ... de manera callada, insiste en la muy antigua lucha de expresión teniendo como arsenal los materiales clásicos: telas pinceles y colores, con ellos construye una sugerente propuesta, simplemente pintura-pintura ..."

" ... Pareciera murmurar: regresar a lo básico. Artista del más puro corte clacisista, logra en nosotros, la emergencia de pensamientos acerca de las capas más profundas de la intimidad ..."

-Castelo, Rocío, Tercera Bienal Monterrey, Revista Movimiento Actual, Año X, mayo-junio'97

" Un buen ejemplo expresionista lo constituye la pintura de Enrique Cantú la que, por cierto no mereció ninguna mención. En ella se percibe hastío, indiferencia y frialdad. Líneas, colorido, luz, todo nos refleja esa soledad compartida. Se trata de una obra llena de expresiva subjetividad ".
( Fotografía de obra:  "Compartiendo" óleo/tela, 160x140 cms. 1996 )

-Sepúlveda, Guillermo, (Galerista, Crítico y Curador),  Umbral del Sueño, Invitación, 21 de octubre de 1997

 " Las obras de Enrique Cantú nacen y nos remiten al Umbral del Sueño, zona de tiempo suspendido, 
donde la luz hermana a la oscuridad en el espacio del deseo ".

-Conde, Teresa del, Catálogo IX Bienal de Pintura Rufino Tamayo, México, D.F., septiembre de 1998

" La pintura de Enrique Cantú, ‘Chiffón', que sucitó discusión ardua entre el jurado, guarda una tónica completamente distinta a las dos recién mencionadas. Cantú es contemporáneo de Vásquez Melo (son mayores que los artistas de Zona, pues nacieron respectivamente en 1952 y 1951), se ha desempeñado predominantemente en Monterrey (fue seleccionado en la 2ª.  y 3ª. Bienal) y su formación predominantemente es de arquitecto. La pintura ofrece la figura de un adolescente que evoca tanto al Picasso de la época azul como a las figuras del Novecento italiano; lo cubre y lo descubre simultáneamente un velo, de donde la pintura recibe el título ".

-Conde, Teresa del, El jurado de la IX Bienal Tamayo, La Jornada, Cultura, 28 de julio de 1998, México, 
D.F.

" La tercera mención, una pintura interesante en su planteamiento, a mi juicio defectuosa en su realización corresponde a Enrique Cantú Montemayor, pintor a quién ningún miembro del jurado conocía (eso era lo que resultaba muy positivo). La propuesta partió de Jusidman y sucitó una encarnizada discusión con el colega europeo, al grado que los argumentos, casi gritados (cual debe ser) sucitaron la visita del director del Museo, Fernando Solana Olivares a las inmediaciones del sitio de reunión ".

-García Murillo, Jorge, (Galerista, Crítico y Curador), Milenio Diario de Monterrey, 14 de noviembre, 2001
sobre la exposición ‘De amor es el combate' -Estudios sobre Courbet-

" En Enrique Cantú vemos a un pintor en el 2001 trabajando con vehemencia obra creada hace más de 150 años y de este proyecto surgió el gran descubrimiento que ha hecho este regiomontano de sí mismo, en un diálogo que resultó muy productivo, de la obra de Courbet".

"Enrique se atreve, toma el riesgo fuerte de tomar a uno de los grandes y sale airoso, y la muestra permite darse cuenta de ello, estamos frente a un proyecto de pintura-pintura, donde hay una interpretación y una lectura y los resultados son muy halagadores".

-Villarreal, José Javier,  Texto de catálogo de exposición De Amor es el Combate -Estudios sobre Courbet-

Cantú-Courbet-Cantú
Cantú, en sus cuadros, no ofrece ideas; trabaja con ellas, las convierte en seres, objetos, universos, realidades que nos sorprenden y detienen en un laberinto de caminos.

Realista sin concesiones -como todo artista- nos revela horizontes donde lo onírico se vuelve diurno. Los ciervos pelean, se sacrifican en un largo pasillo de inquietud constante. Heráldico en su violencia -el cuadro- resalta su belleza, no en la sugerencia, sino en el trabajo realizado. Artista del gozo, consigue plasmar una realidad autónoma que enriquece a la nuestra. Sus cuerpos flotan, se añaden a un paisaje que se nos ofrece en su indescifrado misterio.

Diálogo de pintores, el que establece esta muestra, que se encuentra en el punto de exploración donde se hace fuerte el hallazgo, la composición plenamente madurada.

El destello lumínico corre nervioso por los filos que, más que amenazar, señalan rumbos, direcciones que la mirada atiende dentro de la gravedad de estos cuadros.

Pintura de atención, la de Enrique Cantú, que rehúye lo fácil y se estremece ante lo difícil, en el viejo y renovado anhelo de perfección.

Sus seres no transitan. Se han detenido justo cuando el artista ha dado inicio a su trabajo. La idea deja lugar a la sensualidad de las horas de estudio y éstas nos presentan cuerpos que habitan un espacio de inquietud, pero también de amorosa complicidad. Vemos sus cuadros y, secretamente, nos sabemos observados por ellos. Establecemos lazos, íntimos y secretos.

La disciplina libera al autor de toda atadura y lo enfrenta a la aventura de la necesidad, de la creación febril. Sus paisajes escenográficos resaltan, embellecen y disparan los cuerpos conseguidos por la pasión del trazo y la paciencia segura de la mano. Estamos ante una realidad misteriosa, entregada a su propia vida, a su propio tiempo y espacio. Courbet es el asunto, el motivo es muy otro. Es la iluminación donde la bañista contempla su pasado, donde la imagen se desdobla en un estadio poético que nos sobrecoge, no sólo por el esteticismo alcanzado, sino por la humanidad que trasmina la tela, por su íntima ternura, por la desnudez que, paradójicamente, recubre a los cuerpos que se abandonan a la placidez del deseo.

Sólo accedemos al movimiento gracias al detenimiento del inicio, a ese momento de intensa calma, de tensa emoción que nos proyectará en una carrera donde es imposible adivinar un desenlace; donde el desconocimiento ­ -precisamente- de ese final, nos hace inscribirnos en la órbita de lo vital.

El asunto de esta pintura descansa en el instante epifánico del descubrimiento, del asombro ante la realidad conseguida.

-Villarreal, Minerva Margarita,  Poema, catálogo de exposición De Amor es el Combate -Estudios sobre Courbet-

DE AMOR ES EL COMBATE
-Muasaja del amigo-

Era agosto y eras tú y toda la parsimonia
Un calor que ululaba sediento entre nosotros.
Alamos cariciosos, sabinos, entre sus ramas
La casa sosegada, 
el silencio que alumbra.
Bajo los cielos, en los pasadizos nublinosos,
cercados por tramo de ventanal y muro,
clausuradas las puertas, las aldabas;
presas que el espacio cercena
ciervos trenzan sus astas,
embisten a lo ancho lo bajo
del pecho a lo hondo.
Tras los pasadizos nublinosos los cerros contemplan.
Los ciervos se embisten.
Herida de Dios, ojos.
Herida de Dios, cuello.
Herida de Dios, mana.
Esta herida mana bajo los cielos
en los pasadizos nublinosos.
De espalda, con su piel más mármol
y durazno que la tina, el pelo alzado, 
puedo entrar al silencio que de golpe da el agua,
puedo entrar a la calma
que es silencio que llama,
puedo entrar a la llama
que desgrana la herida.
El agujero también es un pasillo, 
un jarro, un vientre,
grifos de largo pico,
de manos breves
y pétalos deshechos,
un jarro, un vientre,
al borde del estanque al fondo de la alcoba
de pétalos deshechos
el silencio brilla, mece sus años, acaricia.
Alamos de la alfombra sabinos entre sábanas
La casa sosegada hacia el otero asoma.
Y una muchacha espera
Como quien se prepara.

-García Murillo, Jorge, (Galerista, Crítico y Curador), El Norte, Monterrey, N.L. 13 de noviembre, 2002

" Enrique demuestra su espléndido nivel, que lo hace figurar como uno de los artistas más importantes de nuestro entorno".
" El gran logro de Enrique es subrayar la vigencia del realismo y llevarlo a otros niveles. Es un reto mayúsculo tomar al padre del realismo, someterse a este rigor y rehuir de lo fácil y de la complacencia, porque su obra exige mucho ".

-García Murillo, Jorge, (Galerista, Crítico y Curador), Milenio Diario de Monterrey, 13 de noviembre, 2002

" No se trata de una exposición didáctica, donde el artista regiomontano deja constancia del dominio de su técnica. En la reconstrucción que hace de las imágenes de Courbet, Cantú reinterpreta y subraya la vigencia del realismo y lo lleva a otro nivel, es una aproximación pictórica a algo que es pintura-pintura ".
Y es que en medio de la vorágine de propuestas alternativas, arte digital y conceptual, la obra de Enrique Cantú se ciñe a los cánones clásicos de la pintura; el rigor formal, el cuidado en la composición y la contundencia en el trazo, lo hacen un pintor de poca complacencia hacia el recurso fácil y llamativo.
El vitalismo que proyectan sus obras y su muy personal manejo de la luz y el color son otras de las características que hacen de Enrique Cantú una verdadera figura de la pintura.
En ‘De Amor es el Combate II', la pugna es de Enrique contra el canon del clasismo a través de la presencia de Courbet, es una lucha contra sí mismo, contra el arte contemporáneo y contra todas las libertades; su arma es asumir todas las exigencias pictóricas y sin embargo lograr hacer comulgar  al público con éstas obras, que tienen un pié en la tradición pero están revestidas de actualidad.
Uno de los rasgos mediante los que Cantú logra esta comunión, es la sugerencia; ya sea en el manejo de la figura humana, de las cuales suelen tener un cierto toque de erotismo, o en el tratamiento de la luz, o en la disposición de elementos, el pintor siempre mantiene la cautela que dá el rigor.
" Él nunca cae en el exceso, es de los artistas más sugerentes de nuestra comunidad, su rigor y sujeción a la forma se aprecia desde la propia pincelada, desde el cuidado en su gama cromática. Enrique respeta toda la historia del arte, no la violenta y, sin embargo, al cambiar escenarios e iluminar sus obras con luz propia, se inserta en la contemporaneidad ".

-Sepúlveda, Guillermo, (Galerista, Crítico y Curador), Descubriendo el Silencio, Invitación, mayo, 2007

  Después de su segunda estancia en Italia, donde investiga y estudia, Cantú desarrolla y afirma su trabajo de una manera singular. En esta muestra de su más reciente producción -interiores, naturalezas muertas, espacios abiertos-, su pintura nos comunica; interioridad, sentimientos, estados psicológicos y ausencias, en atmósferas cargadas de silencio y tiempo suspendido. Giorgio Morandi y Edward Hopper, como alientos vagan en el ambiente inspirando éstos territorios de color y dibujo acertados que formulan sobre todo los grandes cuestionamientos: Cómo funciona la percepción? y todavía más lejos: Qué es la realidad?