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Gladys Méndez Alayola

DESENTIERROS: dISECCIONES DE LO PERSONAL. 


La lengua nos indica de manera inequívoca que la memoria no es un instrumento paraconocer el pasado, sino sólo su medio. La memoria es el medio de lo vivido, al igual que latierra viene a ser el medio en que las viejas ciudades están sepultadas. Y quien quieracercarse a lo que es su pasado sepultado tiene que comportarse como un hombre queexcava. Y, sobre todo, no ha de tener reparo en volver una y otra vez al mismo asunto, enirlo revolviendo y esparciendo tal como se revuelve y esparce la tierra. Los «contenidos» noson sino esas capas que sólo después de una investigación cuidadosa entregan todo aquellopor lo que vale la pena excavar: imágenes que, separadas de su anterior contexto, son joyasen los sobrios aposentos de nuestro conocimiento posterior, como quebrados torsos en lagalería del coleccionista. Sin duda vale muchísimo la pena ir siguiendo un plan al excavar.Pero igualmente es imprescindible dar la palada a tientas hacia el oscuro reino de la Tierra,de modo que se pierde lo mejor aquel que sólo hace el inventario fiel de los hallazgos y nopuede indicar en el suelo actual los lugares en donde se guarda lo antiguo. Por ello losrecuerdos más veraces no tienen por qué ser informativos, sino que nos tienen que indicarel lugar en el cual los adquirió el investigador. Por tanto, stricto sensu, de manera épica yrapsódica, el recuerdo real debe suministrar al mismo tiempo una imagen de ese querecuerda, como un buen informe arqueológico no indica tan sólo aquellas capas de las queproceden los objetos hallados, sino, sobre todo, aquellas capas que antes fue precisoatravesar.

--- "Excavar y recordar" en Imágenes que piensan, Obras, libro IV, vol. 1, Walter Benjamin,Abada, Madrid, 2010. Página 350.