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Arturo Rivera

  “La pintura es un lenguaje visual, así como la música un lenguaje auditivo por lo tanto no hay posibilidad de traducción. El lenguaje oral no puede explicar  el misterio de ninguna de las artes, pues el arte se SIENTE no se ENTIENDE; se puede explicar su historia, su técnica, todas aquellas características formales que se encuentran alrededor de cualquier expresión artística, pero repito es imposible tratar de explicar por medio del lenguaje oral lo que es el arte; es un error tratar de traducir el misterio en unas cuantas líneas escritas.

No estoy de acuerdo en  definir mi pintura como algunos críticos y curadores de arte lo han hecho al decir que pertenece a la belleza de lo terrible. Si algo puedo decir de mi obra es que la intensidad en mi mundo interno (lo subjetivo) tuvo que acoplarse a una forma muy estricta (lo objetivo)  para así poder expresarme sin que esa fuerza se llegase a desbordar. Mi objetivo como artista es: conmover y perdurar. “
 

Arturo Rivera



DESENTRAÑAR LA REALIDAD
                                                          Por Daniel Sada

               Nadie puede tener la certeza de que la realidad percibida es la más evidente. Basta captar un aspecto indefinido de lo que se ve, para caer en cuenta de que nuestra percepción es en verdad una interpretación de algo que no es posible demostrar del todo. Frente a cualquiera de los cuadros de Arturo Rivera surge un dilema al parecer irresoluble: el síntoma de que se trata de un artista circunscrito al realismo, ya como estilo o paradigma, o si su idea del realismo es un aproximación cuyo objetivo siempre es difícil de vislumbrar. En mi opinión no es ni lo uno ni lo otro, más bien considero que Rivera nos propone una tercera vía: la impostura de una realidad imaginada, o una suerte de semejanza con lo tangible, pero también lo que pudiera penetrar esa semejanza. En cada uno de sus cuadros es posible denotar que su aspiración primordial radica en plasmar el dolor, la angustia, el desconcierto, acaso lo macabro y lo sagrado que la realidad nos ofrece. Desentrañar es exhibir las entrañas pero también descifrar: el estigma de su arte figurativo nos revela que hay una suerte de arrebato lúdico, un deseo de traspasar el realismo fotográfico al igual que ir más allá del mero principio de representación, como si el pintor tuviese como objetivo crear un mundo en el cual quisiera vivir, o crear figuras a las que le gustaría contemplar atisbando particularidades no tan fáciles de captar a golpe de vista. Una realidad a la que se pueda percibir desde muy diversos puntos de vista y muy diversos estados de ánimo.

               Si algo es preciso destacar de la obra de Arturo Rivera es su sentido de visibilidad, aunado a un lenguaje plástico cada vez más acendrado y diestro. Su trasgresión empieza allí donde lo más simple exhibe algún enigma tan sutil como ambiguo. Si la muerte o el horror en todas sus manifestaciones han sido y son constantes ineludibles de sus búsquedas, se debe en gran medida a que hay un afán por acoplarse al estado-límite desde donde despliega su imaginería. La belleza, en su caso, deberá provenir de esa catarsis hasta alcanzar la depuración más radiante. Es por ello que su pintura produce ese doble efecto: la fusión entre el horror y lo delicado. Lucha de contarios que a fin de cuentas se postula como un ideal estético.